Cortos, feminismo

La revolución de las tetas

Los días más felices de mi vida no fueron días sino momentos: cuando aprobé el examen de manejo y me dieron la licencia, cuando me titulé, cuando vi a Serrat en el Gran Rex de Buenos Aires y cuando dejé de usar sostén. He aquí la razón de mi último tatuaje.

No voy a mentir. No soy voluptuosa. Mido apenas 1.60, peso 50 kilos y cuando compraba sostenes, tenía que buscar en la zona de adolescentes. Pero ese no es el tema. Lo importante aquí es ese… más que fastidio, suplicio, de tener dos fierros debajo de las tetas como soporte a una copa cuyo propósito es borrar toda evidencia de que las mujeres, adivina qué, tenemos pezones.

Porque los hombres no tienen ese problema, ¿no? Y, no, no es contra ellos. Es contra este sistema, orden, trato implícito y sin cuestionamientos de que las mujeres debemos esconder nuestro cuerpo para no… ¿provocar? para no… ¿exponernos? para no… incitar el ‘’derecho’’ de los hombres de mirarnos lascivamente, acosarnos, violarnos y si estaban en un mal día, matarnos. Porque por ser libres se nos mata. Digamos que por hacer cualquier cosa que un hombre hace se nos mata.

Esto es también contra la publicidad. Ese humo engañoso que nos entra por los ojos. Porque a causa de ella el sostén ese negro que viste con encaje no parece tan malo, ¿no? Lo vemos lindo. Yo debo tener un par por ahí. No esta mal que las mujeres los quieran usar, está mal que se nos juzgue a las que decidimos prescindir de ellos. Porque nadie va a decir nada si mañana, las mujeres decidimos, no sé, no usar pulseras, no usar bufandas… y ¿por qué? Porque el sostén es una prenda de control. ¿Qué es lo primero que se sacan cuando llegan a casa después de un largo día? Porque son demasiadas las cadenas por donde nos tira, chicas, y ya es tiempo de parar.

Dije antes que soy chiquita para deslizar que, claro, si no uso sostén no es que se note mucho. Lo dije, sobre todo, porque cuando he propuesto a varias de mis amigas pasarse al lado oscuro, me responden que como ellas tienen más busto, les es incómodo no tener eso: un literal sostén para que los senos no se caigan. Yo creo que no es tan así, pero la del lado no es competencia sino compañera y todas tenemos derecho a usar lo que se nos cante. Pero no está bien armar un perfil automáticamente negativo de una mujer por su decisión de dejarse los pechos libres. Se nos disminuye como mamás, se nos invalida como artistas, se nos agrede como personas y más.

Decidí no ser más sometida ni en mente ni en cuerpo. Decidí no ponerme alambres y copas en las tetas sino tinta y consciencia. Primero fue el corsé. Ahora es momento de quemar el sostén.

La menstruante

Dato: Me tatuó @_tinatatoo, una reina argentina que putea más en peruano que yo. Nos reímos, conversamos y conectamos con este tatuaje hermoso. En un ambiente que, como todos, está sobrepasado de machismo, volteen, disidan, denles la oportunidad a las chicas.

1 comentario en “La revolución de las tetas”

  1. Perfectamente comprensible y libre para decidir. Mi hermana siempre dice: “No sé qué ven los hombres en las piernas de las mujeres para ponerse tan tontos. Si solo son dos piernas.”
    Pero eso es -debería ser- extensible a todo el cuerpo.
    Lo mismo sucede con la lactancia. ¿Cómo puede molestar un bebé acoplado a una teta?

    El día que dejamos de ser monos desnudos y comenzamos a ser monos textiles todos/as perdimos muchísimo.

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